Bella Napolitana

El arte hecho imagen

La Virgen de las Maravillas es una de las obras cumbre del barroco, no solo por su perfección técnica, sino por la profunda carga espiritual y simbólica que transmite. Tallada por Nicolás Fumo en madera de cedro, esta imagen mariana destaca por haber creado una iconografía única, donde la serenidad del rostro de la Virgen y la ternura del Niño Jesús alcanzan una expresividad conmovedora. Su estilo y belleza han trascendido el ámbito religioso, convirtiéndose en referente e inspiración para numerosas obras posteriores.

El escultor y la creación de la obra

 
 
Para entender verdaderamente la grandeza de la Virgen de las Maravillas, es imprescindible conocer a quien le dio forma: Nicolás Fumo. Nacido en Nápoles en el siglo XVII, Fumo fue un escultor de gran talento que, durante su paso por España, fue nombrado escultor de cámara por el propio rey Carlos II. Este título no fue casualidad: fue un reconocimiento a su extraordinaria habilidad y sensibilidad artística.
 
Fumo fue un verdadero maestro del estilo barroco, una corriente que no solo apostaba por el dramatismo y la riqueza de detalles, sino que también buscaba conmover y elevar el alma. En ese clima de espiritualidad intensa, Fumo encontró la inspiración para crear una de sus obras más memorables: la Virgen de las Maravillas.
 
Esta imagen está tallada en madera de cedro, una elección que va más allá de lo técnico. El cedro, conocido por su resistencia y nobleza, ha sido desde tiempos bíblicos un símbolo de lo sagrado. Para Fumo, era el material perfecto para una escultura que no solo debía durar en el tiempo, sino también conectar con lo eterno. Y eso logró. La Virgen de las Maravillas no es solo una obra maestra del barroco; es un puente entre lo humano y lo divino.
 
Al observarla, lo primero que impacta es el rostro de la Virgen: sereno, celestial. No es solo belleza lo que transmite, sino una paz profunda, un reflejo del misterio de la maternidad divina. En su brazo derecho sostiene al Niño Jesús, quien, irradia una ternura y una presencia espiritual que conmueven. Sus ojos, al igual que los de la Virgen, no parecen mirar aquí, sino más allá, hacia un mundo superior. Incluso el más mínimo gesto como la pequeña mano extendida del Niño parece estar cargado de simbolismo.
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La mística de la obra y su conexión celestial

Más allá de su perfección técnica, la Virgen de las Maravillas transmite algo difícil de explicar con palabras: una conexión espiritual que toca el alma. Según cuenta la leyenda, cuando Nicolás Fumo terminó de tallarla guiado por los ángeles, la propia Virgen  la abrazó. Se dice que, en ese instante, le imprimió su gracia divina, otorgándole una belleza que no parece de este mundo. Este relato, más que una leyenda, es una forma de expresar lo que muchos sienten al contemplarla: que hay algo sagrado en su presencia.
 
El rostro de la Virgen es, sin duda, uno de los elementos más cautivadores. Fumo no se limitó a cuidar las proporciones; le dio alma. Cada pliegue de su manto, cada hebra de cabello, parece iluminado desde dentro. La técnica del estofado, que combina pan de oro con delicados grabados, da a su vestidura una luz especial, casi sobrenatural, que realza su majestad.
 
El Niño, por su parte, está vivo en su gesto. Su mano, extendida como en un acto de bendición, nos recuerda que lo divino está cerca, al alcance de todos. Los ojos de ambos, llenos de dulzura y compasión, invitan al recogimiento, como si la escultura fuese un umbral entre este mundo y el cielo.
 

Reconocimiento y legado artístico

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La Virgen de las Maravillas no solo ocupa un lugar especial en el corazón de los fieles. Su valor artístico ha sido reconocido durante siglos por expertos y críticos del arte sacro. Para muchos, es una de las imágenes marianas más bellas jamás esculpidas, y una de las cimas del arte religioso.
 
En la década de 1950, el diario ABC la definió como “la patrona más bella y artística de todo el país”. No fue una afirmación cualquiera, sino una validación del impacto que esta imagen ha tenido en generaciones de devotos, artistas e historiadores.
 
Incluso hoy, su prestigio sigue intacto. El Museo del Prado, en su selección de obras imprescindibles de escultura barroca, la incluye como una de las piezas más destacadas del arte sacro español. A lo largo de los años, ha sido cuidadosamente conservada, y su madera de cedro, fiel testigo del paso del tiempo, continúa transmitiendo la fuerza y el espíritu con los que Fumo la creó. La Virgen de las Maravillas no solo ha perdurado: ha trascendido, convirtiéndose en símbolo de arte eterno y fe viva.